17 de Mayo de 2006 |
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Diálogo de Sordos |
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| La causa de liberación de los cubanos oprimidos se halla en un laberinto peor que el de Tebas. No tenemos Minotauro pero nos acosan par de bestias irracionales que nadie ha podido vencer por el momento. Una de ellas es la falta de solidaridad con quienes desean aplicar procedimientos de lucha auténticos. La otra es el uso reiterado por parte de los disidentes de métodos inútiles cuya ejecución depende paradójicamente del régimen que nos oprime. Del primer monstruo basta con señalar que quienes pueden apoyar con efectividad nuestra causa libertaria prefieren invertir tiempo y dinero en promover planes tan descabellados e impracticables como el de pedirle al régimen opresor que solucione el problema que él mismo causa desde 1959 y, para rematar con un toque de locura, también proponen que el victimario participe voluntariamente en dicha solución. Sobre la segunda alimaña del intelecto vale la pena repasar algunos hechos de nuestra Historia reciente:
He reducido la lista de las propuestas presentadas al régimen comunista porque prolongarían este espacio más de lo necesario. No obstante, esos eventos permiten exponer algunas consideraciones. Los comunistas no dialogan con nadie porque creen tener la razón absoluta, poseer la verdad total y desarrollar la política correcta. Para mantenerse en el poder ellos matan, encarcelan, destierran, torturan y cometen cuantos crímenes sean necesarios cometer. Hechos sobran para confirmar lo antedicho. Por lo tanto es irracional esperar de ellos otra respuesta que no sea su cóctel Molotov de intolerancia, agresividad y terrorismo. Por su parte las organizaciones disidentes (opositores a la desobediencia civil, a la fuerza violenta y a las presiones económicas como formas de lucha) se han anquilosado en la postura de solicitarle y resolicitarle al opresor un diálogo y una solución que éste rechaza de hecho, y también de derecho desde que impuso “la irrevocabilidad del socialismo” por principio constitucional. Creo que el procedimiento disidente ha fracasado por su dependencia enfermiza de la inexistente voluntad del régimen comunista, el cual no quiere ni puede ceder un milímetro de poder por naturaleza propia y porque es autor directo o indirecto de miles de crímenes por los cuales no responderá ante la Ley mientras usurpe el poder. Es una realidad que la fuerza es fuente de derecho, aunque ese derecho carezca de justicia porque se basa en el dominio de la fuerza. Los hechos demuestran que las principales acciones de los disidentes se basan en los discursos, en las entrevistas a los medios de prensa, en las visitas a las embajadas extranjeras acreditadas en Cuba, en la redacción de denuncias, en el diseño de proyectos para el futuro y -como apunte anteriormente- en la consuetudinaria proposición de diálogo con el opresor. Sería interesante que los principales líderes de la disidencia explicaran públicamente ¿cómo creen que podrían convencer al régimen castrista para que dialogue con ellos?, ¿qué piensan hacer para acercar el momento en que se producirá ese hipotético diálogo?, y ¿qué pruebas tienen ellos para demostrar que su estrategia es más que un diálogo de sordos? La infundada versión disidente para resolver la tragedia cubana, con el apoyo de algunos exiliados que han levantado sus empleos y oficinas a costa de esa hipótesis, ha causado que entidades como la USAID o la NED se la crean y jueguen parte de sus fondos (provenientes de los impuestos que todos pagamos) en el poker de los planes impracticables y sin fundamento científico. Este procedimiento ha creado intereses personales y de grupos tan fuertes que casi puedo garantizar que los compatriotas disidentes jamás responderán a las interrogantes anteriores, debate que de producirse por lo menos fomentaría el diálogo entre los activistas que dicen luchar por la misma causa. Dos circunstancias principales merman nuestras posibilidades de liberación: por una parte el diálogo de sordos entre disidentes y opresores; y por otra la falta de apoyo efectivo a los activistas que quieren aplicar alguno de los métodos de lucha confirmados por la Historia como útiles para derrocar sistemas arbitrarios. Estas circunstancias fomentan la división, crean más confusiones y limitan la solidaridad con la causa de liberación de los cubanos oprimidos. Por tanto, deberíamos tratar de cambiar este escenario para salir del laberinto en que nos hallamos hace casi medio siglo. |
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