| Ya casi es axiomático que dentro del movimiento no oficial cubano siempre existan dos tendencias. Para cada propuesta hay una contrapropuesta. Para cada definición programática siempre hay su antítesis. Existen dos corrientes: una, la representada por el sector moderado, reformista, disidente; otra la que agrupa a los radicales, demoledores, opositores.
La primera corriente se representa por figuras muy conocidas internacionalmente como Oswaldo Payá, Elizardo Sánchez, Vladimiro Roca. La de los demoledores se representa por activistas no tan conocidos ni publicitados y su exponente emblemático es hoy Oscar Elías Biscet, bien conocido ahora por factores circunstanciales.
Los reformistas quieren partir de la ley del 76 para llegar a la ley de la nueva república, quieren la transición pacífica, entendiéndose como tal la transformación evolutiva del régimen totalitario para llegar a una democracia condicionada.
Los demoledores quieren el cambio total. Parten de la ley del 40 para construir la nueva república sin compromisos, sin condiciones pactadas con los dirigentes gubernamentales.
Los moderados están en la calle. Los radicales están en las cárceles o esperando el momento de caer presos.
Los moderados pretenden ser los máximos exponentes de la oposición al castrismo y se ganan un protagonismo de retórica que se resalta en los medios extranjeros. Los radicales actúan y sus propuestas son pocas veces escuchadas y recogidas en los medios extranjeros.
Si los opositores plantean un proyecto de concertación unitaria como fue en su momento Concilio Cubano, los disidentes procuran adueñarse del liderazgo, presentándose como politólogos experimentados, como consejeros y luego cuando llega la hora de las definiciones y de enfrentar la posibilidad de la prisión abandonan el proyecto y salvan el pellejo. Así actuó el autodenominado G7 integrado, entre otros, por los laureados Elizardo Sánchez, Oswaldo Payá, Vladimiro Roca. Ellos entregaron a Concilio; ellos rindieron las banderas de la desobediencia civil y de la resistencia pacifica.
Y cuando alguien propone a dos opositores radicales como Biscet y Néstor Rodríguez lobaina, para el Nobel, entonces los moderados, los disidentes, los más publicitados se aparecen con una contrapropuesta para negarle la representación a estos dos activistas de la desobediencia civil y proponen a dos figuras muy conocidas y merecedoras de todo reconocimiento como Raúl Rivero y Martha Beatriz Roque, pero no exponentes del activismo político a favor del cambio radical como si pueden ser considerados Biscet y Rodríguez Lobaina.
Raúl Rivero es un símbolo del buen periodismo independiente, como lo es el también poeta Manuel Vázquez Portal. Es el hombre que colocado ante el deber de conciencia, se decide por la opinión libre y se niega a continuar siendo un escritor atado a los dictados de la UPEC y del Comité Central. Rivero, firma la carta de los intelectuales junto a María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona y otros, lo que representó su rompimiento definitivo con la mentira y el régimen de las apariencias.
Como poeta ha ganado distinciones; como periodista ha realizado una labor importante para que el periodismo independiente alcance rango de credibilidad y profesionalismo.
Martha Beatriz Roque, la única mujer encarcelada en la escalada represiva de intimidación desatada por la tiranía el pasado año. Sólo por esta razón merece todo reconocimiento.
Rivero y Martha Beatriz merecen ser honrados internacionalmente; pero Oscar Elías Biscet y Néstor Rodríguez Lobaina han devenido en el símbolo viviente de un activismo continuado a favor de la democracia, a favor de la vida, decididos por la desobediencia civil como método de lucha frente al despotismo y a la intolerancia del totalitarismo castrista. No es de gratis el odio que ha evidenciado el régimen y sus cipayos hacia estos dos hombres, a los que ha sometido a continuados tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Los disidentes siempre quieren ganar el partido, pero no frente al gobierno de Castro, sino frente a la oposición que quiere la demolición del totalitarismo. La propuesta del grupo moderado está bien pensada, rechaza la propuesta de A Fondo y propone a dos figuras destacadas y de mucho respeto. Dos de los prisioneros de conciencia mas conocidos internacionalmente. Ni Rivero ni Martha tienen los puntos flacos del conciliacionista Payá; pero tampoco poseen la representatividad de resistencia pasiva activa frente al castrismo como Biscet y Lobaina. Martha y Raúl, de ser consultados estarían de acuerdo con la nominación para el Nobel de Oscar Elías Biscet y de Néstor Rodríguez Lobaina.
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