19 de abril de 2004

Islam: nazismo subdesarrollado
Mario J. Viera


Caído el comunismo como sistema mundial, el Occidente enfrenta un nuevo reto. El choque de culturas. El combate entre culturas medievales y la cultura del progreso.  La amenaza asume formas no bien definidas políticamente pues se arropan con dogmas religiosos.

El nazismo fue la proclamación de la superioridad de la raza germánica, el odio feroz hacia los judíos, el reclamo de un espacio vital para el pueblo alemán. El nazismo llevó al mundo a la hecatombe de la II Guerra Mundial, sembró campos de exterminio en toda Europa e invadió naciones independientes pobladas por razas inferiores como fueron calificados sus habitantes por los ideólogos del Nacional Socialismo.

Mientras las democracias occidentales dudaban y trataban de aplacar a Hitler haciéndole concesiones, algunas inmorales como la entrega de Checoslovaquia, la maquinaria de odio y de guerra del nazismo iba fortaleciéndose. Hitler dio el zarpazo; invadió Polonia y desencadenó la guerra. Millones perecieron por la desidia occidental.

Un nuevo peligro acecha sobre Occidente. Una corriente de intolerancia, racismo y ambiciones amenaza al mundo occidental. No es Estados Unidos el que está en peligro, es toda nuestra civilización la que está en la balanza. El Islam es el nazismo del subdesarrollo. Es el mismo accionar de guerra sucia.

Si el cristianismo tiene la tolerancia como su esencia, el islamismo es la negación de la tolerancia. El cristianismo supo superar sus errores del medioevo, condenar las acciones de la Inquisición y pedir perdón a los judíos por los odios del pasado. El Islamismo, en cambio, ha sumido al mundo árabe en las negruras de la Edad Media.

De accionar retorcido, inspirados en los versos satánicos del Coram, los extremistas musulmanes sueñan reconstruir el viejo imperio de la media luna que se extendía por toda Europa hasta España. Sus grupos terroristas no actúan aisladamente, no son organizaciones autosuficientes, independientes. Estos grupos son subvencionados por los gobiernos árabes. Arabia Saudi, Irán, Libia, Jordania, Siria y Sudán arman esos grupos y los alientan.

La “rebelión” iraquí no tiene carácter patriótico. Es la manifestación de las ambiciones del nazismo árabe.  Los chiitas, los más retrógrados del islamismo, no fueron capaces de enfrentarse a la dictadura de Sadam Hussein que los exterminaba sin ninguna consideración; ahora se rebelan para adueñarse de Irak y aliarse con Irán para formar una fuerza poderosa de desestabilización en el Medio Oriente.

Los “combatientes” de la “resistencia” iraquí, penetran en el país a través de las cómodas fronteras de Siria e Irán. Y cargados de odios hacia los “cruzados” secuestran y asesinan civiles. Matan soldados norteamericanos y aliados ante el silencio de la izquierda occidental que sólo clama cuando las fuerzas aliadas responden al fuego con el fuego.

Los imbéciles “antiimperialistas” lloran los civiles árabes que mueren pero no se manifiestan frente a las embajadas musulmanas por los secuestros y asesinatos de civiles occidentales.

Individuos de la calaña de Fidel Castro y Hugo Chávez se solidarizan con los “patriotas” del clérigo chiita Maqtada al Sadr y los combatientes de su ejército de asesinos Mehdí. Sadr no es un héroe. Cuando Hussein exterminaba a los chiitas este psicópata musulmán no osaba a decir una sola palabra de protesta.

Las armas de la turba musulmana alzada en Falluyah no salen de la mano de Alá, son suministradas por gobiernos afines.

La guerra que se libra no es una guerra nacionalista. Es el choque de una cultura decadente, nazista, contra el mundo del progreso y la democracia. Occidente no puede perder esta guerra. No importe el precio que haya que pagar.

El Nazismo alemán arrastro al mundo a la guerra. Pero los nazis hacían la guerra de frente, enfrentaban sus tropas a las tropas enemigas. El nazismo musulmán es cobarde, actúa con el rostro oculto, se introduce clandestinamente en los países democráticos, reclaman el respeto a sus creencias religiosas aunque en sus países de origen asesinen a cristianos y budistas.

La teocracia cristiana condujo a Europa al medioevo y a la inquisición, pero el cristianismo podía engendrar hombres como Lutero y emprender la reforma. El Islam no crea reformadores. Crea a los Komeinis y a los torcidos Sadr con rostro de sicópatas y mirada de locos.

Se ha criticado a los que propugnan el ojo por ojo en la guerra contra los bandidos del Islam, pero los que esto hacen nada proponen en contra de la amenaza de convertir en un infierno las tierras “infieles” de Estados Unidos, España, Canadá, Italia que han lanzado los hijos de Alá.

Ojo por ojo, diente por diente. Si actúan sucio no se les puede tratar con guantes blancos. Sus masas furtivas penetran como inmigrantes en Occidente. Occidente debe tomar medidas contra esa inmigración de odio y fanatismo. Entre esas turbas se esconden los terroristas, lo nazis del subdesarrollo.


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