| Quien quiera hacer un proyecto de gobernabilidad y que este sea viable debe tener los conocimientos básicos de política, economía, historia y jurisprudencia sobre los cuales fundamentar sus tesis. De lo contrario es partir de cero y dejarse llevar por “inspiraciones divinas”, como si el Espíritu Santo se preocupara de cosas tan terrenales como las de los gobiernos humanos.
Cuando José Martí proyectaba la República que debía surgir de la que él denominó “guerra necesaria” no se basó en sus inspiraciones de poeta. El se metió de lleno en el estudio de las repúblicas hispanas y muy especialmente en los fenómenos que se producían en el seno de ese enorme laboratorio sociológico que fue para él los Estados Unidos. Una República no se funda con sueños sino con las enseñanzas que se extraen de la experiencia política e histórica.
Ahora, en algunos medios del exilio, por cierto con poder económico y minoritario, se está imponiendo la pretensión de silenciar a los que rechazan determinados proyectos y propuestas muy de moda en estos días y muy publicitados.
Parece que buscar diálogo con el dictador de Cuba y con su partido es la mejor vía para justificar un patriotismo pederasta, que quiere reformas en el status quo nacional pero sin someterse a los peligros de la confrontación abierta con un régimen represivo e intolerante.
Ya el gobierno de Castro está invitando a un “diálogo” a determinado sector del exilio para celebrarse del 27 al 29 de mayo próximo. El tema será el mismo de otros encuentros: levantamiento del embargo, supresión de las normas que dificultan los viajes a Cuba de ciudadanos de los Estados Unidos. En ese encuentro no se hablará de liberar a los 75 injustificadamente condenados a prisión en la última redada represiva ni a los muchos presos de conciencia que permanecen en prisión mezclados con peligrosos criminales comunes.
Los tontos útiles de siempre irán a Cuba; estrecharán la mano del vetusto tirano, disfrutarán las bellezas que aun quedan de la Isla y…
Otros no participarán en el convite, pero no dejarán de ser partidarios de los proyectos de diálogo con los comunistas a los que se les considera parte del proceso de cambio en Cuba. Esos no se callan y atacan a los que disienten de lo que consideran un fracaso y una pérdida de esfuerzos realistas.
Los autonomistas del siglo XIX no se decidían por la independencia. El precio que había que pagar era muy alto. Sin embargo eran buenos escritores y magníficos oradores. Sus proyectos de reformas del sistema colonial se elaboraban dentro de la isla, pero no por ello dejaron de recibir el rechazo y las críticas de Martí.
Los autonomistas de nuevo cuño no soportan la crítica que se les opone. Y a estos críticos, un autor como José Ignacio Rasco, buena pluma, los considera personas fanatizadas por sus propias ideas y de “ligereza increíble”. Rasco les endilga el despectivo sustantivo de “monologueros”.
De este modo, el buen escritor, muy fanatizado el mismo por sus propias ideas, se tira a fondo a defender los últimos aportes del cristianísimo disidente Oswaldo Payá, “sin leer ni escuchar los planteamientos ajenos” como él dice de los supuestos “monologueros”. Ataca y acusa de mentirosos a los que con argumentos y criterios propios descalifican el legalismo y las utopías del Sr. Payá.
Si usted no está de acuerdo con el legalista Proyecto Varela o con el inviable Documento de Trabajo, para el Sr. Rasco, usted es casi un estúpido. Lamentablemente los que sí conocen las tradiciones políticas de Cuba, los que conocen su Historia, los que tienen cierto conocimiento de esa rama del Derecho que se denomina Constitucionalismo, y que sí han leído el engorroso y oscuro Documento de Trabajo; los que conocen como ha sido la “transición”en Rusia y en Nicaragua, no pueden aprobar los documentos de marras.
Coincidimos con Rasco que se requiere determinada “honestidad intelectual” para analizar proyectos y programas. Creemos junto a Rasco “que esa falta de honestidad intelectual para el análisis nos llevó a un nivel de fanatismo tan apasionado que contribuyó a hundir la república”. El descuido generalizado del análisis de la sangrienta utopía del marxismo nos ha llevado al marasmo moral, político y económico en el que se ha hundido Cuba.
Dentro de las calificaciones de Rasco, Oscar Elías Biscet y Martha Beatriz Roque serían un par de “monologueros” con poder económico y representantes de la minoría opositora. Estos dos presos políticos han expresado su rechazo a los intentos dialogueros y legalistas del Proyecto Varela.
No obstante, Rasco confiesa que “en política cualquier proyecto puede tener fallas y puntos de vista discutibles – y asegura- Yo mismo tengo algunas observaciones discrepantes del documento de marras…”.
El famoso proyecto tiene fallas de principios y está cargado de puntos de vista muy discutibles que lo hacen, al criterio de los que con el castrismo nada quieren y ni de él nada esperan, de todo punto inaceptable. Como Rasco asegura que el objeto del proyecto es que sea analizado por todo el mundo que le interese la cuestión cubana, entonces por qué esas diatribas de Rasco en contra de los que han dicho que el documento de Payá es inviable y de ningún valor para el cambio en Cuba. Si como alega Rasco en el Documento hay textos e ideas que incluso coinciden con la constitución cubana del 40, también hay muchos textos en él y muchas ideas coincidentes con la constitución de Blas Roca de 1976.
“Sin diálogo no hay democracia”. ¡Vaya verdad de Perogrullo que descubre Rasco! En Cuba no hay democracia porque en Cuba los gerentes del gobierno se niegan al dialogo, no aceptan ni piden diálogo, solo el monólogo de su discurso ideológico y el de sus agentes de represión policíaca. |